MUNDO ANIMAL


    DOMADOR: EL PRIMER MAESTRO

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    DOMADOR: EL PRIMER MAESTRO

    Mensaje  Admin el Mar Abr 13, 2010 1:39 pm



    Pocas veces se reconoce la importantísima labor de un profesional que no solo pule los movimientos naturales de un caballo sino que lo prepara para ser una montura segura y competente. Una figura imprescindible en el mundo ecuestre.
    Cuando alguien que desconoce el mundo del caballo se adentra por primera vez en él y se aproxima a uno de estos poderosos animales, lo primero que hace al tocarlo es dejar una distancia prudencial que le permita huir, si fuera preciso, dada la inseguridad que puede producir al profano estar junto a un individuo que es tres veces más grande y ocho más fuerte que cualquier ser humano. Otro factor que causa vértigo en los novatos es ver cómo los adiestrados en la materia manejan a los equinos sin rastro de miedo.
    A pesar de lo que pueda pensarse, los segundos no actúan así por inconsciencia. Los caballos que montan no son fieras salvajes sin domesticar. En algún momento pasaron necesariamente por las manos de un domador que realizó un cuidadoso trabajo puliendo sus movimientos y gestos hasta adecuarlos a la práctica de la equitación (así como a los usos de una disciplina en concreto). Y es que, en efecto, sin la tarea de este profesional, no sería posible montar a caballo.

    INICIOS Y FORMACIÓN
    La profesión de domador es, básicamente, vocacional. Normalmente se trata de personas que han tenido contacto con los caballos desde su infancia o desde muy jóvenes. Gracias a ello, han vivido miles de experiencias que les han llevado a conocer a la perfección el comportamiento genérico de estos animales. Es entonces cuando comprenden que el control de un ejemplar no se consigue con la fuerza, sino que son la astucia y el tener un buen conocimiento de sus reacciones lo que permite montar por primera vez a uno caballo sin domar. También hay otros dos ingredientes esenciales que añadir a esta receta: la paciencia y el tiempo.

    LISTA DE TAREAS
    Domador de caballos es aquél profesional que maneja un potro recién nacido o de corta edad para acostumbrarlo al contacto con el ser humano. El objetivo de la doma inicial es establecer una buena comunicación y confianza entre el jinete y su caballo. Se enseña al potro a ser llevado a la mano y a permanecer quieto para cepillarlo o para que el herrador se ocupe de sus pies. A los dos años, ya se le coloca el cinchuelo para que empiece a habituarse a tener algo encima de la grupa. También se le da cuerda y podrá aprender a llevar el tipo de embocadura que deba, según la disciplina que vaya a practicar o el tipo de caballo que sea. A los cuatro años, el domador le coloca la silla.
    El paso siguiente ya es montarlo, a base de ir dándole cuerda, y desbravándole cuando sea necesario. Otra tarea esencial de este profesional es la de volver a domar a caballos resabiados. Los caballos resabiados son équidos que han sufrido algún tipo de trauma y que, a causa de éste, desarrollan problemas a la hora de trabajar. Un jinete poco apropiado también puede estar en el origen de caballos resabiados (porque el animal es demasiado fuerte para él o porque no lo monta con la suficiente rutina). En estas situaciones es el domador quién se encarga de volver a poner a punto al ejemplar.

    TIPOS DE DOMA
    En función del método, existen dos tipos de doma: la doma natural (sin ayudas artificiales) y la doma convencional (con ayudas artificiales). Respecto a la doma natural, cabe decir que en las últimas décadas se ha ido practicando cada vez más. Es posible que el ejemplar domado con este método necesite más atención y perseverancia antes de poder ser montado, por lo que el período de doma puede sobrepasar el año. Se debe tener en cuenta que la doma natural trabaja a los caballos sin ningún tipo de ayuda artificial: en la pista, tan sólo están el hombre y el caballo, sin ningún elemento más. Respecto al método de doma convencional (con ayudas artificiales), éste es mucho más rápido: el caballo puede estar listo para ser montado en un mes, si no presenta grandes problemas.
    Por otro lado, las domas también pueden clasificarse teniendo en cuenta cuál es su objetivo. La doma inicial es la misma para cualquier animal pero, después, se abre un periodo de especialización para perfeccionar a los équidos en función de la disciplina a la que se dedicarán. Así, no será lo mismo domar caballos de paseo que caballos de competición, de exhibición, de enganche, de doma vaquera, etcétera.

    INFRAESTRUCTURA NECESARIA
    La infraestructura que necesita un domador es muy parecida a la de cualquier hípica. Boxes, una pista para dar cuerda, un andador y el equipo habitual para montar al caballo (además de material de cuidados y aseo y un buen botiquín). Es muy útil que este profesional tenga conocimientos de veterinaria por si los ejemplares que están bajo su responsabilidad presentan alguna lesión o herida. Específicamente, el domador debe dotarse de diversas herramientas de doma (como son el cinchuelo, la baticola, los tensores, etcétera). Con ellas, acostumbrará al caballo a llevar algo encima.

    CUIDADOS COMPLEMENTARIOS
    Aparte de domar a los ejemplares que tiene a su cargo, muchas veces el domador es también quien los cuida, alimenta y los saca cada día al campo para conocerles mejor y darles confianza. Ésta es la mejor manera de poder interactuar con ellos: al descubrir sus puntos débiles puede encontrar la manera de solucionarlos. Algunos domadores complementan esta profesión con otro trabajo (así como hay jinetes que doman por afición). Los domadores de la Real Escuela Andaluza del Arte Ecuestre, en cambio, se dedican exclusivamente a domar los ejemplares de dicha institución.

    LO MEJOR VS. LO PEOR
    Lo mejor de ser domador es el orgullo que supone entregar potros y caballos con una disciplina perfectamente aprendida a sus clientes. Cuando un jinete confía a su caballo a un domador, espera que le sea devuelto sin vicios y con una actitud positiva. Un buen domador siempre lo consigue. Lo peor de esta profesión son los encontronazos con équidos que en un pasado no han recibido la atención necesaria. El domador será, entonces, el responsable de devolverlos a la normalidad para que su propietario pueda trabajar correctamente con ellos. El buen domador siempre corrige la indisciplina: no hay caballo que se le resista.

    FORMACIÓN
    Formarse como domador en España es complicado. Actualmente no existe una gran variedad de cursos para ello, aunque cabe destacar que en los últimos años han proliferado de un modo considerable los cursos sobre doma natural impartidos en hípicas particulares. Los otros tipos de doma (con ayudas artificiales) se aprenden por vocación y en compañía de expertos.

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